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Errenteria: Parroquia Ntra. Sra. de Asunción

Es típico ejemplo del gótico vasco del siglo XVI. En su interior conserva dos retablos: uno neociásico, diseñado por Ventura Rodriguez. y otro perteneciente al gótico Flamígero del Siglo XVI.



La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es de planta de salón con tres naves y tres ábsides de igual altura. Carece de arbotantes, por lo que los muros exteriores son necesariamente gruesos. En su ejecución se descubren varios estilos o fases. Así, el ábside y las columnas de la primera fila son góticas, y las siguientes conforman una columnata clásica.

La iglesia de Errenteria, tal y como hoy la conocemos, es un edificio del siglo XVI, momento en que se llevó a cabo la reconstrucción y ampliación del primitivo recinto parroquial de la Villa, del que prácticamente nada sabemos. Con el pasar del tiempo, la arquitectura del templo ha sufrido alguna modificación, aunque es su ornamentación escultórica y figurativa la que más gustos de estilos posteriores acumula. El templo, sufrió diferentes fases de reconstrucción, entre los años 1523 y 1573, hasta llegar a la parroquia actual. Durante estos años se construyó este templo de estilo denominado “gótico-vasco”.

Las primeras referencias que tenemos de la parroquia hacen alusión a su finalidad civil como lugar de reunión de los habitantes de la Villa en tiempos en los que no existía un edificio destinado exclusivamente a estas funciones. Así, sabemos que la iglesia de Errenteria fue el lugar en el que el alcalde mayor de la provincia, don Pedro de Arriaga, pronunció en 1384 el laudo que pretendía zanjar las disputas entre Errenteria y Oiartzun. Asimismo, se dictó en el templo la sentencia arbitral escrita en gascón y fechada en 1432, destinada a distribuir las indemnizaciones por daños resultantes de las luchas entre Bayona y los pueblos de Labort por un lado y Donostia-San Sebastián, Hondarribia-Fuenterrabía y Errenteria por el otro.

En 1491, los Reyes Católicos acuerdan la separación entre Errenteria y Oiartzun y, por consiguiente, de los diezmos pertenecientes a sus respectivas iglesias parroquiales. En 1512, merced a una bula otorgada por León X, se consuma definitivamente la división, al desmembrarse canónicamente la parroquia renteriana de la iglesia de San Esteban de Oiartzun. En este mismo año, como consecuencia de la invasión de las tropas francesas que combatían a favor de Navarra contra Fernando el Católico, arde la iglesia, lo que no nos ha de extrañar, teniendo en cuenta el carácter defensivo de su torre.

El remate de la Torre, cuyo primer cuerpo hasta la altura de la nave es, sin duda, primitivo, fue renovado en 1825 por Juan Bautista de Huici. Esta torre tuvo una existencia muy efímera, ya que fue sustituida en 1897 por el remate neogótico que ostenta hoy la iglesia, construido bajo la dirección de Ramón Cortázar.

Ya en el siglo XVII, concretamente en 1625, se erigió la portada principal de la iglesia, abierta en el muro norte a la altura del tramo anterior a los pies. Un gran arco casetonado se abre en el muro de la iglesia, rematado por un alero y enmarcado por pilastras que apenas se insinúan. Este trazado de un arco como cobijo de portadas, cobijado ya en el siglo XVI por Juan de Álava en San Esteban de Salamanca, fue un recurso muy empleado en muchos accesos a templos renacentistas de nuestra geografía.

La parroquia de Errenteria es, como la llamó Lecuona, un Museo de Arte que guarda en su interior obras escultóricas dignas de admiración. Sin querer desmerecer la valía del conjunto, podríamos destacar los siguientes altares y esculturas, considerados como más relevantes desde el punto de vista artístico:

EL RETABLO DE LAS ÁNIMAS: El llamado “Altar de las Ánimas”, en la primera capilla a partir del presbiterio por el lado del Evangelio, es quizás la joya artística más preciada de la parroquia. Cuenta la tradición popular que perteneció a Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra. La reina lo regaló a Doña María de Lezo, de la casa-torre de Morrontxo, como recompensa por sus servicios de Dama de Honor, quien, a su vez, lo donó a la iglesia. Sin embargo, a pesar de esta posible procedencia inglesa que se le atribuye, tanto para Weise como para otros tratadistas de arte, este retablo fue en su origen un tríptico flamenco al que sólo le faltan las puertas. Fechado entre fines del siglo XV y principios del XVI, presenta una ornamentación de complicada tracería gótico-tardía, mientras que su escultura, finamente tallada, se acerca en muchos detalles al gusto renacentista.

EL ALTAR MAYOR: El retablo mayor que ostenta hoy la iglesia es una obra de fines del siglo XVIII. Con anterioridad, hay referencias que nos hablan de un antiguo retablo cuya construcción se llevó a cabo entre los años 1600 y 1607, pero que ya en 1655 se trataba de sustituir. En cuanto al actual retablo, realizado en jaspe y estuco, el trabajo de escultura se ajustó en marzo de 1779 con Alfonso Bergaz, miembro de la Academia de Bellas Artes, mientras que la ejecución de la obra de conjunto, tabernáculo incluido, recayó en el maestro Francisco de Azurmendi.

El retablo se comba siguiendo la forma del ábside. Dos pares de impresionantes columnas levantadas sobre plintos delimitan el espacio central del primer cuerpo, en el que se abre una gran hornacina que acoge la representación de la Asunción. El tipo iconográfico remite a aquel omnipresente en el barroco en el que un santo/a, en este caso María, es transportada por ángeles sobre un revoltijo de nubes. El grupo escultórico sigue en su composición estos mismos esquemas barrocos de gran efectismo: trabajado a base de planos superpuestos hacia lo alto y dispuestos en diagonal, desborda del marco por su parte inferior mientras que por la superior, María, la mirada al cielo y el gesto declamatorio, aparece como el punto álgido de esta composición ascendente.

El entablamento, en cuyos extremos se sitúan sendos ángeles coincidiendo con las columnas, retrocede en su parte central acentuándose el sentido ascensional, al no existir una clara división de cuerpos. Este recurso no muy clásico denota la formación barroca de Ventura Rodriguez que, a pesar de ser considerado como el primer arquitecto que se adscribió al Neoclasicismo, cultiva un estilo ecléctico en muchas de sus obras.

CAPILLA DE SAN MIGUEL: Situada en el tercer tramo del lado de la Epístola, reúne las obras artísticas más meritorias de la parroquia, como la imagen de la Inmaculada, del primer tercio del siglo XVII, en el nicho central del retablo.

SAGRARIO DE AMBROSIO BENGOECHEA: El sagrario se apoya sobre un zócalo en el que aparecen representadas las Virtudes, con sus símbolos respectivos. Sobre éste se levantan tres cuerpos, de los que hoy sólo se conserva el inferior, con la Última Cena como motivo principal. El segundo estaba dedicado al misterio de la Asunción, mientras que en el tercero, rematando el conjunto, la figura de Cristo resucitado aparecía representada en actitud de coronar a María.

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