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Pasaia: Basílica del Cristo de la Bonanza

La Basílica del Cristo de la Bonanza se levanta en el mismo lugar que ocupara en el siglo XIV la Basílica de Santa Isabel. En su interior puede admirarse una magnífica verja labrada por el hondarribitarra Matías Lozano. El retablo; barroco, es obra de Pedro de Lizardi y de Juan Ilcos.



Fue construida mediante donaciones y limosnas de los feligreses. Los valiosos objetos de planta que se custodian en ella, tuvieron que ser vendidos para atender a los gastos ocasionados con motivo de las guerras sostenidas con Francia. Este templo en varias ocasiones sirvió para alojamiento de soldados. En 1646 para soldados flamencos; al año siguiente, para alemanes, traídos por Carlos I. En 1749 lo ocuparon los soldados de la Convención. Nuevamente tropas francesas, las napoleónicas se alojaron en 1808 y pocos años después las del Duque de Angulema. En esta Basílica fue proclamado en el año 1820 el primer alcalde constitucional de Pasajes. En este templo se guardan los trofeos conquistados por los remeros de esta villa en diversas competiciones de remo.

La iglesia consta de una sola nave, con planta rectangular y, a los pies, dos coros escalonados de bellísima traza. Sobre el segundo, una espaciosa ventana circular arroja su luz sobre el templo en unión a cuatro ventanas laterales, además de la de la Sacristía. La iglesia se divide en cuatro tramos separados por pilastras en forma de caja superpuestas a una pilastra más ancha y una sección de columna, donde descansan los arcos fajones, tolares o cruceros de las bóvedas. El sentido de la curvatura es el de suavizar aristas. Longitudinalmente, el tramo mayor es el del Coro y del crucero, que se cierra con una bóveda de pechinas, decorándose con una fina moldura y clave con el escudo de armas de Pasai Donibane.

Sólo añade a la portada principal una cierta significación el pequeño apéndice o cuerpo de campanas de piedra que, de planta cuadrada, se erige en uno de los lados, con sus huecos y antepechos abalaustrados de piedra, rematándose por un gracioso chapitel o aguja con acrótera y bola. Las escaleras, también de piedra y en forma de caracol, sirven para llegar al coro. Cinco pequeñas ventanas de tamaño de saetera la iluminan.

Todo el Templo, exteriormente, recubre de piedra sus esquinas y cornisa, elevándose sobre un pequeño zócalo, del mismo material; su tejado es de vertiente a cuatro aguas. Cabe destacar la magnífica labor de resaltes y vaciados de basas y capiteles, la excelente construcción de bóvedas y la finura de molduración, detalles todos que denotan una cualificada mano de obra, aunque el paso del tiempo, su retiro del culto y el destino a almacén de traineras la han hecho perder parte de su esencia.

En la fachada oeste del Templo existe una puerta denominada “Lintxua”, que era utilizada como refugio los días de mal tiempo, durante la espera de los pesqueros o mercantes. Presenta una serie de incisiones o tallas, que representan diversos tipos de embarcaciones. La mayoría de sus siluetas son del siglo XVIII, aunque también hay algunas del siglo XIX.

El diseño del altar mayor es de un discreto barroco. En el centro del altar mayor resalta el Santo Cristo de Bonanza.

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